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La despiadada historia de Irma Grese, la "hiena nazi"



Irma Ilse Ida Grese vino al mundo en 1923 en Wrechen, cerca de Neubrandenburg (Alemania), siendo la tercera de los cinco hijos habidos en el matrimonio formado por Alfred Anton Albert Grese y Berta Wilhelmmine Winter.
El nombre de Irma Grese, guardiana nazi, ha pasado a la historia asociado a uno de los episodios más oscuros de la historia reciente, la barbarie del Tercer Reich y el plan de Hitler para exterminar a todos los judíos.
Además, en el caso de Irma Grese, apodada por algunos como la bella bestia, su historia se relaciona con la del campo de concentración de Ravensbrück, que fue dedicado casi en exclusiva a las mujeres.
El capítulo de este centro de detención y tortura nazi es uno de los grandes olvidos de la memoria sobre las atrocidades cometidas por el Tercer Reich alemán.
Haber sido construido en lo que después fue la Alemania Oriental hizo que una sombra de desconocimiento cayera sobre sus muros.
El padre de Irma era un hombre severo que se unió al Partido Nazi en 1937, y del que probablemente la joven recibió un primer acercamiento al fenómeno nacionalsocialista.
Pero en cualquier caso, muchos historiadores consideran que su madre Berta sí pudo ser el detonante para que la muchacha se acercase a las Juventudes Hitlerianas.
El trágico episodio tuvo lugar cuando Berta, tras conocer una infidelidad de su marido, que había tenido un romance con una hija de los dueños del pub local, se bebió una botella de ácido clorhídrico con la intención de suicidarse. A pesar de que la llevaron con urgencia al hospital, no pudieron salvarla, falleciendo en enero de 1936.
En 1938 Irma deja el colegio y la casa de su padre, y comienza a trabajar en una fábrica de productos lácteos hasta el invierno de ese año, y después en una tienda en Lychen.
Sin que se conozca el modo en que logró el empleo, desde 1939 hasta marzo de 1941 entró a trabajar como Asistente de Enfermería en el Sanatorio de Hohenlychen, intentando sin éxito formarse como enfermera titulada.
Por último, de 1941 a junio 1942, la oficina de empleo le encontró un trabajo como dependienta en una empresa lechera en Fürstenberg, empleó que dejó cuando el 1 de junio de 1942 se presentó como voluntaria para el entrenamiento de las SS Helferinnen, en el campo de concentración de Ravensbrück.
En Ravensbrück, un campo femenino situado en el norte de Alemania, sería donde en última instancia Irma Grese encontraría su verdadera vocación como SS-Aufseherin.

Mayoría de edad para torturar

Irma Grese llegó por primera vez a Ravensbrück en marzo de 1941, pero la emplazaron a volver seis meses después, una vez que tuviera cumplidos los dieciocho años y pudiera alistarse para la formación en las SS.
Aunque esperó más de un año para volver al campo de concentración, cuando lo hizo fue para ofrecerse como voluntaria para el servicio de guardia auxiliar. Desde el primer momento eligió ser miembro del servicio de guardia de un campo de exterminio.
Los crímenes de Grese al servicio de los nazis comenzaron con el entrenamiento, las sesiones de golpes a las internas. Al parecer, a través de esta práctica, Grese descubrió que sentía algún tipo de placer sádico mientras presenciaba el dolor de los demás, especialmente cuando ella era la que lo causaba.
Sobre el papel, Irma Grese estuvo en Ravensbrück solamente siete meses, tiempo en el que supervisó los Arbeitskommandos, pero su recuerdo quedaría grabado para siempre en la mente de las supervivientes de sus sádicas prácticas.

La hiena de Auschwitz

En marzo de 1943 fue trasladada al campo de concentración más infame, Auschwitz Birkenau, en el que en un principio iba a trabajar como operadora telefónica, pero por el que terminaría ganando su apodo más famoso, el de Die Hyäne von Auschwitz (la hiena de Auschwitz).
Al poco de llegar al campo fue promovida a los más alto del escalafón de guardias, puesto en el que se ganó su reputación de torturadora nazi.
Olga Lengyel, una prisionera húngara de Auschwitz-Birkenau la describía así: "Cuando (Grese) caminaba por el campo con un látigo en la mano apestaba con su olor a perfume barato". El látigo se convirtió en su marca personal, de la que hacía gala especialmente cuando los guardias del campo golpeaban y torturaban a reclusos muy débiles.
Además, muchos testimonios coinciden en que no usaba solamente el látigo contra los prisioneros, sino que llegaba a los puñetazos y las patadas. También se rumoreó que tenía un enorme apetito sexual sádico, que satisfacía con prisioneros de ambos sexos sin contar con su voluntad, y que la llevaron a acercarse al tristemente famoso doctor Josef Mengele, con el que estaba muy unida.
Tras dejar un rastro de horror en Auschwitz, en enero de 1945 Grese fue transferida a Ravensbrück durante un corto periodo de tiempo, para ser reasignada a Bergen-Belsen en marzo de 1945. En ese momento el campo de Bergen-Belsen era comúnmente conocido como un "campo de enfermos".
Aunque su estancia en Bergen-Belsen duró menos de un mes, Grese reanudó su práctica de las palizas con látigos a los prisioneros más débiles, que ella y otros guardias ya habían puesto en práctica en Ravensbrück y Auschwitz. Fue tal su saña en Bergen-Belsen, que Irma Grese adquiriría allí su apodo de "la perra rubia de Belsen".
A pesar de que la caída del Tercer Reich estaba cada vez más cerca y muchos de los guardias de las SS eran conscientes de ello, Irma Grese no hizo nada para prepararse con vista a las consecuencias que sus acciones en los campos de concentración le iban a acarrear.
Continuó comportándose de una manera cruel y perversa hacia las prisioneras de los campos, y una vez detenida ella misma reconoció que "nunca trató de ganarse el favor de los internos, incluso cuando sabía que Alemania iba a perder la guerra".
De este modo, cuando el campo de concentración de Bergen-Belsen fue liberado el 15 de abril de 1945 por los británicos, los guardias de las SS, entre ellos Irma Grese, fueron detenidos para ser juzgados por la ley inglesa.
En el llamado Juicio de Belsen también se juzgaron los crímenes cometidos en Auschwitz y otros campos de concentración nazis. La defensa de Irma Grese confirmó abiertamente que ella había cometido atrocidades en todos los campos en los que estuvo trabajando.
Grese cavó un agujero aún más profundo, tanto para ella como para sus compañeros de banquillo, al acreditar en una confesión escrita que todos los miembros de las SS eran culpables. En su declaración se implicó e implicó a sus colegas de las SS en el asesinato en masa de inocentes.
El 17 de noviembre de 1945, Irma Ilse Ida Grese, junto con varios otros, fue condenada a muerte por los delitos cometidos en Auschwitz-Birkenau y Bergen-Belsen, siendo ejecutada en la horca el 13 de diciembre de 1945. Tenía 22 años.
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