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SOBRE EL SILENCIO DE BOB DYLAN


El “Establishment culto” se rasgó las vestiduras cuando la Academia del Nobel lo concedió al genial músico y poeta, ignorando que sus versos de ruptura tienen, entre otros, los ecos de Edgard A. Poe, Ezra Pound, W Shakespeare o Dylan Thomas. Ahora critican su silencio ante el premio sueco-noruego por el cual muchos darían la vida. Creyeron que Dylan celebraría el haber sido designado como si fuera la consagración de su vida.
Nada más alejado del espíritu y de los propios versos de este juglar moderno y gran adversario del establishment. Él jamás pidió el Nobel, ni usó de lobbys para obtenerlo, ni aguardó por decenios ser tenido en cuenta. Esa suma de parlamentarios suecos, ex empresarios miembros de la academia, grupos editoriales y periodísticos que se ensalzan unos a otros, está muy lejos de la actitud y del pensamiento de Dylan.

Y la lista de autores, con mucho mérito algunos, cuidadosa y políticamente seleccionados cada año, según distintos continentes e idiomas, poco tiene que ver con los cientos o miles de millones de seres humanos que se sienten espiritual y estéticamente expresados en los juegos de palabras literarios del creador.
Lo absurdo hubiera sido que se sintiera consagrado. Habría dejado de ser Dylan. Sabe bien que en el Nobel lo necesitaban para relanzarce como institución, pero para él, ese establishment tiene poca o nula importancia. Y menos aún, su trasfondo comercial. Entonces, tal vez escoja no responder o no ir. Y eso sería lo más coherente con su vida y sus canciones.

Por: Alan García Perez | Ex Presidente del Perú
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