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La Unión Europea ordena a British Press NO Informar cuando los terroristas son musulmanes

por: Yves Mamou | Fuente: gatestoneinstitute.org
Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

Este es el momento en que las leyes contra discursos de odio se convierten en una mayor amenaza para la democracia y la libertad de expresión que el propio discurso de odio.
En Francia, los terroristas musulmanes nunca son terroristas musulmanes, sino “locos”, “maniáticos” y “jóvenes”.
Atentar contra la libertad de prensa y la libertad de expresión no es un discurso anti-odio; es sumisión.
Si siguiera estas recomendaciones, el gobierno británico situaría a las organizaciones musulmanas en una especie de posición monopólica: se convertirían en la única fuente de información sobre ellas mismas. Es el perfecto orden de información totalitario.
Creado para protegerse contra el tipo de propaganda xenófoba y antisemita que dio origen al Holocausto, las leyes nacionales contra discursos de odio han sido cada vez más invocadas para criminalizar un discurso que es meramente considerado que insulta a la propia raza, etnia, religión o nacionalidad.
Es inquietante preguntarse cuánto tiempo la UE involucrará fuertemente a sus expertos y su influencia para superar los obstáculos legales existentes, buscando criminalizar cualquier tipo de crítica al Islam y someterse a los valores de la jihad.
Según la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (CERI) – parte del Consejo de Europa – la prensa británica es la culpable del aumento de los discursos de odio y la violencia racista. El 4 de octubre de 2016, la CERI publicó un informe dedicado únicamente a Gran Bretaña. El informe dice:
Algunos medios tradicionales, particularmente los tabloides… son responsables de la mayor parte de la terminología ofensiva, discriminatoria y provocativa. The Sun, por ejemplo, en abril de 2015 publicó un artículo titulado “¿Barcos de rescate? – yo usaría cañoneras para detener a los migrantes”, en el cual el columnista comparaba a los migrantes con “cucarachas”…
El diario The Sun también publicó inflamatorios titulares anti-musulmanes, como en su primera página del 23 de noviembre de 2015, que decía “1 de cada 5 musulmanes británicos simpatizan con los jihadistas”, junto con una foto de un terrorista enmascarado que blande un cuchillo…
El informe de la CERI establece un vínculo causal directo entre algunos duros titulares en los tabloides británicos y la seguridad de los musulmanes en el RU. En otras palabras, la prensa británica, presuntamente, está incitando a los lectores a cometer actos “islamófobos” contra los musulmanes.
La CERI considera que, a la luz del hecho de que los musulmanes son, cada vez más, objeto de atención como consecuencia de los recientes actos terroristas relacionados con ISIS en todo el mundo, fomentar los prejuicios contra los musulmanes muestra un descuido imprudente, no sólo para la dignidad de la gran mayoría de los musulmanes en el Reino Unido, sino también para su seguridad.
La CERI basa su informe en un reciente estudio de Matthew Feldman, profesor de la Universidad Teesside. Este estudio compiló incidentes anti-musulmanes antes y después de ataques terroristas.
En los siete días previos a la masacre de Charlie Hebdo en París, donde murieron 12 personas, hubo 12 incidentes (anti musulmanes), pero en los siete días siguientes hubo 45. Este patrón fue similar en relación con los ataques terroristas en Sydney, en diciembre, y en Copenhague, en febrero.
Así que, según la CERI y académicos de la Universidad Teesside, cuando los jihadistas musulmanes asesinan gente y la prensa informa que los asesinos son musulmanes, es la prensa, y no los islamistas, la que está alentando “incidentes islamófobos” en Gran Bretaña. Según el presidente de la CERI, Christian Ahlund, “no es casualidad que la violencia racista esté aumentando en el RU al mismo tiempo que vemos ejemplos preocupantes de intolerancia y discurso de odio en los diarios, en línea e incluso entre los políticos”.
Para la CERI, el mayor problema es:
“…cuando los medios de comunicación enfatizan los antecedentes musulmanes de los autores de actos terroristas y les dedican una cobertura significativa, es probable que la reacción violenta contra los musulmanes sea mayor que en los casos en que la motivación de los autores se minimice o se rechace en favor de explicaciones alternativas”.
El informe no explica qué podría ser “explicaciones alternativas”. Pero podemos encontrar ejemplos en la prensa francesa: cuando un musulmán ataca a un soldado y trata de tomar su arma, no es un terrorista islamista, sino un “loco”. Tales ataques de “locos” son muy comunes en Francia.
La prensa francesa minimiza los ataques al decidir no nombrar a los perpetradores musulmanes: incriminar a un “Mohamed” podría, en la mente de los periodistas franceses, incitar a represalias contra los musulmanes. En otro ejemplo, las pandillas musulmanas no pueden estar conectadas a ninguna forma de violencia, por lo que se convierten en “jóvenes”. En Francia, los terroristas musulmanes nunca son terroristas musulmanes, sino “locos”, “maniáticos” y “jóvenes”.
Pero eso es Francia. En Gran Bretaña, los tabloides no son tan educados y comprenden perfectamente las intenciones del informe de la CERI: prohibir la palabra “musulmán” cuando está asociada con “violencia o terrorismo”.
El Informe de la CERI Marca un Giro de 180º en la Libertad de Expresión
Este es el momento en que las leyes contra discursos de odio se convierten en una mayor amenaza para la democracia y la libertad de expresión que el propio discurso de odio. Prohibir a los periodistas llamar “terrorismo islámico” y alentarlos a ocultar la asociación de los musulmanes con el terrorismo, es un intento de falsificar la verdad, de la misma manera que la ex Unión Soviética censuraba la verdad. Aprovechar algunos artículos racistas reales en tabloides – no muchos, porque no muchos son citados en el informe – para atacar la libertad de prensa y la libertad de expresión no es discurso contra el odio; es sumisión.
La prueba de la sumisión se encuentra en las recomendaciones de la CERI al gobierno británico:
-“Establecer un regulador independiente de la prensa”;
-“Formar rigurosamente a los periodistas para garantizar un mejor cumplimiento de las normas éticas”;
-“Revisar las disposiciones sobre la incitación al odio con miras a hacerlas más eficaces y utilizables”;
-“Establecer un diálogo real con los musulmanes para combatir la islamofobia. Habría que consultarlos sobre todas las políticas que puedan afectar a los musulmanes”;
-“Enmendar el Código de Prácticas del Editor para asegurar que los miembros de los grupos puedan presentar quejas como víctimas contra informes sesgados o perjudiciales sobre su comunidad”
Siguiendo estas recomendaciones, el gobierno británico situaría a las organizaciones musulmanas en una especie de posición monopólica: se convertirían en la única fuente de información sobre ellas mismas. Es el perfecto orden de información totalitario. Si una brecha de ese tipo se abriera en el futuro, sin duda todos los grupos de presión se precipitarían hacia la brecha: partidos políticos, protestantes, católicos, judíos, multinacionales, todo el mundo.
El gobierno británico no cayó en la trampa, y rechazó firmemente las demandas de la CERI. Le dijo al órgano del Consejo Europeo:
“El Gobierno está comprometido con una prensa libre y abierta y no interfiere con lo que la prensa publica y no publica, siempre y cuando la prensa cumpla con la ley”.
En Gran Bretaña, y en todos los países de la Unión Europea, ya existen leyes contra el odio. Creadas para protegerse contra el tipo de propaganda xenófoba y antisemita que dio origen al Holocausto, las leyes nacionales contra el discurso de odio han sido cada vez más invocadas para criminalizar un discurso que es meramente considerado que insulta a la propia raza, etnia, religión o nacionalidad.
Estas leyes también han sido invocadas, a menudo, por los islamistas para demandar contra el discurso anti-islamista (caricaturas de Mahoma, blasfemia contra el Islam, etc.) como manifestaciones de “racismo” – afortunadamente con poco éxito. La mayoría de los casos judiciales que los islamistas han iniciado han fracasado porque el Islam no es una raza.
Agnes Callamard, experta en derechos humanos, escribe en referencia a la Carta de las Naciones Unidas:
“El ARTÍCULO 19 reconoce que las restricciones razonables a la libertad de expresión pueden ser necesarias o legítimas para impedir el apoyo al odio basado en la nacionalidad, la raza, la religión, que constituye una incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia. La organización no extiende tales restricciones legítimas a expresiones ofensivas y blasfemas”.
Es inquietante preguntarse cuánto tiempo la UE involucrará fuertemente a sus expertos y su influencia para superar los obstáculos legales existentes, buscando criminalizar cualquier tipo de crítica al Islam y someterse a los valores de la jihad.

***Yves Mamou, con sede en Francia, trabajó durante dos décadas como periodista para Le Monde.
https://www.gatestoneinstitute.org/9190/media-censorship-muslims-terrorists
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